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Angustia
y Tiempo libre |
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…Jugar
al fútbol, escuchar música, andar en bicicleta,
pasar largas horas frente a la computadora, leer, ver televisión,
ir al cine, jugar a las cartas, grupos de reflexión,
…para la tercer edad… etc… etc… etc…
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Pareciera
ser que existe toda una cultura de cómo apropiarse
de las actividades que nos servirían para no conectarnos
con el ”tiempo libre”…
La pregunta sería: ¿libre de qué?¿libre
de quién? ¿Por qué, si ansiamos liberarnos
de la alienación del trabajo o el estudio, cuando
surge el tiempo que sería para nosotros aparece
la angustia ? Tal vez porque se relaciona con un tiempo
de espera… y de nuevo la pregunta: ¿espera
de qué ?¿espera de quién? Es decir
que nos angustiamos y no sabemos por qué, como
tampoco a veces sabemos cuál es el objeto, la actividad,
la sustancia o la persona que borraría esa sensación
de tristeza, abatimiento, pesadumbre, aburrimiento que
casi siempre nos invade cuando nos encontramos ante el
ocio.
Si hasta desde la cultura parece una mala palabra, como
si solamente cobrara sentido nuestra vida cuando nos encontramos
ante lo que sabemos que tenemos que hacer, es decir, cuando
quedamos alienados, dictados por otro al que obedecemos,
aunque ni nosotros mismos lo sepamos.
Muchas veces se tiende a pensar que en las sociedades,
a medida que avanzaron y lograron cambios benignos en
cuanto a la programación del trabajo, surgió
el tiempo libre como producto. Pero el ocio siempre existió,
pertenece a todos los tiempos y a todas las épocas.
El tema es que en la actualidad debe estar programado;
debemos saber qué hacer. Cuando no tenemos qué
hacer y también cuando abandonamos estas condiciones
con la aparición de aquello que nos calma, también
nos despojamos de la angustia pudiéndonos correr
de la peligrosa situación del “no saber qué
hacer”.
La angustia es una reacción ante el peligro, es
una señal; y así como, por ejemplo, un enfermo
de claustrofobia puede ser presa de un ataque de angustia
si lo abandonamos solo en un ascensor o en el subte, o
le impedimos a un obsesivo realizar su ritual de lavarse
las manos con alcohol, tambien, en la generalidad, el
hombre actual al verse impedido de realizar la actividad
que habitualmente realiza en su tiempo libre se verá
apoderado por esta sensación de no encontrarle
sentido a su tiempo, quedando desamparado ante lo que
era su refugio seguro para no saber lo que ahora se le
revela.
Entonces aparecen los signos de la angustia, incrementándose
la excitación, ante la imposibilidad de la descarga
que la actividad nos proporcionaba. Deberíamos
recordar entonces que nuestro “yo” no sólo
recibe estímulos del exterior, sino también
de nuestro interior. Y es quizá ante estos últimos
donde nos sentimos más impotentes, ya que también
sabemos que el dolor surge cuando perdemos la posibilidad
de protección que algunos dispositivos nos brindan,
apareciendo como corolario la angustia.
Podríamos sustentar entonces que ante el tiempo
libre (¿libre del objeto que tape lo que nos está
faltando?) aparecería, por un lado, el peso religioso
que tiene el no trabajar en la cultura occidental, haciéndonos
sentir sobre nuestros hombros la carga del mandato biblico:”ganarás
el pan con el sudor de tu frente”, y la posibilidad
que su cumplimiento nos brinda: el otorganos un lugar
expiatorio para ser agradables ante la mirada de un padre
a quien le dedicaríamos todo nuestro esfuerzo.
Entoces, por un lado, la culpa de no hacer nada y por
otro el encuentro con aquello que permanecía velado…
Si no fuera así retozaríamos más
tiempo debajo de los árboles, dormiríamos
largas siestas al sol, o simplemente dejaríamos
que el tiempo de un domingo transcurra mirando la fila
de las hormigas caminando por una pared blanca, llevando
sus hojas, sin parar… y sin desviarse. |
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