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A
lgunos sufren más que otros
pero no hay duda de que va a marcar un antes y
un después en la vida de la persona y de
los de su entorno más cercano. Eso hace
que se imponga la necesidad de adaptarse: Suprimir
unos hábitos, adquirir otros y modificar
bastantes. Pero no nos engañemos, muchos
otros acontecimientos de la vida también
obligan a realizar ese esfuerzo. Quisiera advertir
que soy consciente de la dificultad de generalizar,
máxime cuando nos referimos a hechos en
los que cobran especial relevancia las características
individuales. La actitud que se tome ante esta
nueva situación va a estar regida fundamentalmente
por factores relacionados con personalidad y por
las peculiaridades de esta dolencia (necesidad
de aporte insulínico externo, adquisición
de hábitos más o menos rutinarios,
importancia de prever las consecuencias de ciertas
decisiones, etc.). Lo más probable es que,
a partir de ese momento, el cuerpo (que antes
era un mero soporte sobre el que organizábamos
nuestra vida) pase a ser protagonista, obligando
a la persona a ser consciente de él y a
revisar su correcto funcionamiento.
FENÓMENOS QUE SE
REPITEN CON FRECUENCIA.
Ya he advertido anteriormente que cada persona,
con sus características peculiares, tiene
una forma individual de vivir la nueva situación.
Sin embargo, hay una serie de aspectos que se
repiten con bastante asiduidad en esos primeros
días tras el diagnóstico.
PREGUNTAS Y MÁS PREGUNTAS
Uno de los más característicos
es la irrupción masiva de interrogantes
de todo tipo. Muchos de ellos orientados a "descubrir"
el origen de esa patología.
La persona intenta comprender algo que le resulta
incomprensible. Es frecuente, pues, que los endocrinólogos
deban responder a cuestiones tales como: "¿tiene
que ver con el hecho de que comiera muchos dulces?"
y "¿con que mi madre tuviera antojo
de bombones durante el embarazo?"
Para la persona resulta frustrante cuando los
profesionales responden negativamente pero sin
poder dar una explicación plausible: "hay
un componente genético, pero no todos los
que lo tienen lo desarrollan... se está
investigando...".
Otro grupo, acaso más importante, tienen
que ver con el futuro: "¿Podré...?,
¿qué secuelas me quedarán?"
A este respecto se tiene una idea más clara,
pero no exacta de lo que puede llegar a suceder.
No quisiera dejar pasar este momento para comentar
que, si bien la diabetes influye en lo que pueda
ocurrirle a la persona en un futuro, no lo determinará.
Seguramente la actitud que tome ante ella tendrá
más peso en el destino que la propia patología.
INTIMA CONVICCIÓN
DE QUE SE CURARÁ
También con no poca frecuencia, a causa
del fenómeno de la "Luna de Miel",
la persona tiene la secreta creencia de que se
va a curar. Deseo éste alimentado, en parte
por conceptos erróneos sobre la diabetes,
en parte por noticias llegadas por canales no
adecuados (prensa, comentarios sacados de contexto,
etc.).
En este sentido se debe tener claro que cuando
aparezca la solución real para la diabetes,
la noticia le llegará al afectado a través
de su médico, mucho antes de que aparezca
en la prensa. Se debe recelar del resto de rumores,
de lo contrario estos se convertirán en
una fuente de continuos sobresaltos y decepciones.
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