El Paseo de las Esculturas de Boedo Parte 1

Un “museo a cielo abierto” único en un barrio de la ciudad de Buenos Aires. Proyecto llevado a la práctica por la Junta de Estudios Históricos del Barrio de Boedo, aprobado por la Ley 494/2000, que autoriza el emplazamiento de 24 obras escultóricas en las aceras de la Av. Boedo, en el tramo de cuatro cuadras comprendido entre las Av. Independencia y Boedo. El primer capítulo de este inigualable proyecto, posibilitado por el desprendimiento de los artistas escultores que donaron sus obras (que hoy son parte del Patrimonio de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires), fue inaugurado durante el año 2005, descubriéndose seis obras de los artistas escultores Francisco Reyes, Alberto Baliettei, Arturo Álvarez Lomba, Leo Vinci, Antonio Oriana y Oscar de Bueno. Se agregó luego una obra del escultor ruso Stephan Eriza, dispuesta por el Departamento de Monumentos y Obras de Ate del GCBA y dos obras ya instaladas anteriormente. Suman nueve esculturas. La Comisión de Cultura de la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires aprobó recientemente la presentación para el emplazamiento de ocho nuevas esculturas, con lo que el número de ellas alcanzarán las 17. Se incorporarán las obras Mutación, de Mónica Chames; Pórtico de la impunidad, de Oscar Stáffora; Testimonio (a Betty), de Julián Agosta; Enlace de planos, de Julia Farjat; Vestido al viento, de Enrique Azcárate, Esencia, de Xavier Barrera Fontenla; Verde secreto, de Marina Dogliotti y Crecer, de Elisa Dejistani.
Paseo de las Esculturas de Boedo – Ley 494/2000

CHOLITA - FRANCISCO REYES
Artículo 1° - Acéptase la donación de la escultura "Cholita", de Francisco Reyes, autorizando su emplazamiento frente al inmueble de avenida Boedo 853, en concordancia con la Ley N° 494.
Francisco Reyes: Breve historia de vida del autor
"Nuestro recordatorio estará vinculado con uno de los escultores contemporáneos, quizá quién más ha dejado huella de su impronta personal en el barrio de Boedo. Me estoy refiriendo al maestro Francisco Reyes. Muchas veces he tenido que recordarlo públicamente y siempre me ha gustado hacerlo especialmente desde el punto de vista humano, dejando si se quiere para un reducido espacio final la mención de sus logros artísticos. Retrocediendo en el tiempo debo situarme allá por 1972, la primera noche que conocí a Reyes, al concurrir invitado a una reunión del Rotary Club de Boedo. El escultor, en ese momento, disfrutando ya del ganado prestigio derivado de la obtención de los más importantes premios que la plástica argentina ofrece a sus artistas, fue el primero en acercarse para saludarme y hacerme sentir -no como extraño- sino como un nuevo amigo. Me impactó entonces su cordialidad, su extrema sencillez, su decir pausado y firme "Modesto y humilde como las piedras de la calle", diría años más tarde su único biógrafo, Manuel Baquera. Y así, semana tras semana, comenzamos a construir los cimientos de una amistad que no se terminó con su muerte, porque se continúa en el cariño que nos profesamos con su esposa Ana, con su hijo Rodolfo y con toda la familia Reyes.
Francisco Reyes no supo de descanso durante el transcurrir de su vida en Argentina, tras aquel 1928 que señala su ingreso al país, uno más de los tantos inmigrantes jóvenes que para favor de estas tierras nos enviaban los países europeos, en este caso nuestra Madre Patria.
Y no supo de descanso porque aquellas horas libres que podía haber aprovechado para su mejor solaz, las dedicó a su otra gran pasión, además del arte: el sentimiento de pertenencia a su comunidad, que le llevó a asumir compromisos de participación y solidaridad. Hablé ya del Rotary Club de Boedo, prestigiosa institución del barrio que lo tuvo como presidente, desde donde organizó las primeras exposiciones de escultura "a cielo abierto" que registra la historia capitalina y fue precisamente sobre la Cortada San Ignacio, donde decenas de obras de prestigiosos y laureados artistas se expusieron a la contemplación del paseante boedense. Pero ya antes de ello había tenido destacada participación en la Peña Pacha Camac, junto a colegas suyos como Antonio Sassone, Vicente Roselli, Sepuccio Tidone. Domingo Mazza y muchos otros. En Parque de los Patricios es figura esencial de la mítica Agrupación Bohemia, aquella nacida en el bar de Labardén y Patagones, que congregó en su seno lo mejor de la plástica porteña.
Colaborador infatigable de toda entidad de bien público que lo mereciera, trabajó asiduamente con la Asociación Amigos del Barrio de Boedo, con las Asociaciones de Fomento y Juntas Vecinales. Reyes, por reconocimiento de sus colegas, fue presidente de la Asociación Argentina de Artistas Escultores y de la Asociación Estímulo de Bellas Artes. También en mérito a su arte, pero especialmente por su calidad humana, fue investido como Miembro de Número de la Academia Porteña del Lunfardo. Impulsor del Fogón de los Arrieros, la agrupación de artistas que convirtió a la ciudad de Resistencia en Patrimonio de la Unesco, por el incalculable valor, no solo monetario sino esencialmente estético y educativo, que representan las cientos de esculturas erigidas en sus aceras, en el frente de sus edificios públicos, en sus plazas.
La actividad docente de Reyes no se agotó en las aulas de las principales instituciones dedicadas al arte. Fue constante su presencia en las escuelas municipales de Boedo, de Almagro, de Flores, de Parque de los Patricios. No en cargos estables, sino dando clases ilustrativas, ofreciéndose como jurado en todo concurso de dibujo o pintura que se realizara, aconsejando, guiando a sus jóvenes alumnos.
Fue miembro fundador de la Cofradía de la Orden del Lengue, institución nacida en el seno de su hogar, cuyo propósito fue y sigue siendo premiar anualmente a aquellos personajes de la cultura boedense que se destaquen por su arte y su personalidad. Fue uno de los tres fundadores de la Junta de Estudios Históricos del Barrio de Boedo, nacida en el seno de la mencionada Cofradía.
Su nombre fue impuesto a salas de museos y exposiciones y, en nuestro medio -Boedo- a la intersección norte de la esquina conformada por la Av. Boedo y Pasaje San Ignacio, aquel de las primeras exposiciones al aire libre. Las aceras de Boedo lucen orgullosas sus obras "La madre" y "Cholita", formando parte del Paseo de las Esculturas del Barrio de Boedo.
Reyes, que obtuvo el Gran Premio de Honor en el Salón Nacional en 1958, por su obra "Mujer sentada", había nacido el 9 de mayo de 1915. Falleció el 16 de abril de 1988.".
LA BESTIA - OSCAR DE BUENO
Artículo 3° - Acéptase la donación de la escultura "La Bestia", de Oscar De Bueno, autorizando su emplazamiento frente al inmueble de avenida Boedo 878, en concordancia con la Ley N° 494.
Oscar de Bueno:
"Escultor OSCAR DE BUENO.
El interrogante puede convertirse en afirmación si al señalar su nombre como artista escultor inmediatamente evocamos otros momentos trascendentes ocurridos en la quietud del pasaje, como –por ejemplo- la figura de aquel entrañable artista co-fundador de la Peña Pacha Camac, que se llamó Rodolfo Bertugno, cuyo domicilio de San Ignacio 3650 era frecuentemente visitado por sus colegas de la época. O más cerca en el tiempo, la memoria nos atrapa en 1980 y 1982, cuando decenas de artistas escultores mostraron su arte en el Pasaje, en las primeras exposiciones a “cielo abierto” que conoció la ciudad. O el bautizo de su intersección con Boedo, con el nombre del maestro insigne: Francisco Reyes. Oscar de Bueno proviene de una de las familias tradicionales de Boedo, afincada desde principios del siglo XX en el incipiente suburbio de la ciudad. Su abuelo Alfonso había llegado desde Calabria y tras una corta residencia en Valentín Alsina recaló en Independencia y Maza comenzando a formar familia. Trabajo y esfuerzo le permitieron edificar su vivienda propia en San Ignacio 3631 y allí creció y se formó su familia. De sus cuatro hijos el menor, Juan, siguió la carrera de medicina poniendo su profesión al servicio del barrio durante toda su vida. Con Nélida, su esposa prolongaron su estirpe y le dieron a Boedo seis hijos. Oscar, el quinto de ellos, vio la luz en 1961 y, habitante de la casa paterna, se enamoró también de Boedo. Luego de realizar sus estudios primarios y secundarios en el Colegio San José de Calasanz, ingresó a la facultad de Agronomía, buscando un destino que no era el suyo.
Muy pronto advirtió que esa facilidad para el dibujo y la pintura que mostraba desde niño era su pasión y por decisión propia abandonó la carrera para ingresar, ahora sí, en la Escuela Nacional de Bellas Artes “Prilidiano Pueyrredón”.
El artista recuerda en nuestra conversación el interés y el impacto que le causaron las obras de los grandes maestros que se expusieron, como dijimos, en 1980 y 1982 en las muestras organizadas sobre la Cortada de San Ignacio por el Rotary Club de Boedo, presentadas por el maestro Francisco Reyes. Allí, aún muy joven y estudiante de Agronomía, conoció las tres dimensiones en las artes plásticas y retiene aún nombres que en aquel momento le fueron extraños y luego fueron sus maestros y colegas; con algunos comparte ahora las veredas de Boedo: Balietti, Álvarez Lomba, Vinci, Reyes, Oriana. También quienes marcaron su camino: Romano, Locaso, Azcárate... ¿Sería extraño entonces que aquella visión determinara luego su vocación por el arte?
Tras su entusiasta y exitoso paso las aulas académicas, en 1988 egresa con el título de Profesor de Escultura y el Diploma de Honor al mejor promedio de su promoción bajo su brazo. Allí fueron sus maestros Rubén Locaso, Enrique Romano y Aroldo Lewy, a quienes Oscar sigue testimoniando su reconocimiento.
Consecuencia de la alta distinción recibida , De Bueno es designado inmediatamente como profesor ayudante, iniciando entonces una ininterrumpida carrera docente que lo encuentra ahora como Profesor Titular de la Cátedra O.T.A. V. Escultura I, II y III del Instituto Universitario Nacional de Arte (I.U.N.A.). Ha sido docente en la Escuela Nacional de Danzas “María Ruanova”, en el Instituto Nacional Superior del Profesorado en Folclore y en la Escuela Municipal de Bellas Artes “Rogelio Yrurtia.”.
También en aquel año de su graduación inicia su trayectoria como expositor, obteniendo su primera distinción: el “Premio Estímulo al alumno más destacado” otorgado por la Asociación de Amigos del Salón Nacional.. Se suceden luego los premios recibiendo, entre otros, el Tercer Premio en el XLV Salón Municipal Manuel Belgrano. Invitado a simposios y encuentros de escultores, participa desde hace varios años en ellos, siendo galardonado en varias oportunidades. Obras de su autoría se encuentran emplazadas en Carlos Casares, General Roca, San Bernardo, San Martín de los Andes, Resistencia y ahora también en el Paseo de las Esculturas de Boedo. En total ha participado en más de sesenta muestras, simposios y eventos de escultura y artes visuales.

TANGO INTIMO- LEO VINCI
Artículo 5° - Acéptase la donación de la escultura "Tango íntimo", de Leo Vinci, autorizando su emplazamiento frente al inmueble de avenida Boedo 883, en concordancia con la Ley N° 494. La ubicación fue más tarde modificada y hoy se encuentra en Boedo 901.
Leo Vinci:
Nació en Buenos Aires en 1931. Egresó de las Escuelas Nacionales de Bellas Artes Ernesto de la Cárcova Patrocinado por el Fondo Nacional de las Artes, realizó un viaje de estudios por Europa. Desde el año 1962 hasta 1976 ejerció la docencia en las Escuelas Nacionales de Bellas Artes Manuel Belgrano y Prilidiano Pueyrredón. En 1989 es designado Comisario del Envio Argentino a la Bienal de Venecia, Italia.
Referencia: Artesur
INTERIORES - ARTURO ALVAREZ LOMBA
Artículo 4° - Acéptase la donación de la escultura "Interiores", de Arturo Álvarez Lomba, autorizando su emplazamiento frente al inmueble de avenida Boedo 901, en concordancia con la Ley N° 494. La ubicación fue más tarde modificada y hoy se encuentra en Boedo 883.
Arturo Alvarez Lomba:
"Arturo Álvarez Lomba nació el 26 de marzo de 1942 en un entonces pequeño pero hermoso pueblito de la costa gallega, A Guarda o, castellanizado, La Guardia. Cuarto hijo de un laborioso matrimonio que, expulsado de su tierra natal por las precarias condiciones de vida de la época, llega en 1953 con su familia al puerto de Buenos Aires, junto a cientos de paisanos embarcados en el vapor Córdoba, superando la tristeza del abandono del terruño con la alegría del reencuentro y el abrazo con familiares directos que les esperaban en nuestra país y la esperanza de encontrar una tierra que les permitiera vivir en paz, trabajar, progresar y educar a sus hijos. Y comienza para ellos una nueva etapa de su sacrificio personal, del trabajo sin descanso que con los años obtiene el premio de la casa propia, de la buscada educación de sus hijos. Radicados en Banfield, Pcia. de Buenos Aires, Arturo inicia sus estudios en la Escuela Nº 7 de dicha localidad, comenzando a mostrar allí una singular e innata capacidad para el dibujo. Iniciada años después su carrera profesional como "vidrierista" de la fábrica de calzados Grimoldi, uno de sus compañeros lo insta para que se inscriba en una academia de dibujo, consejo que acepta anotándose en MEEBA, entonces prestigiosa institución ubicada en la calle Cerrito 1233. Corría el año 1962. Cuenta la historia que una tarde -como parte del curso- su maestro, Gino Gurrieri, recorre con todos sus alumnos los distintos talleres y aulas de la casa. Uno de ellos fue el taller de escultura, donde dictaba su clase Zulema Adaime. El futuro artista recibió en ese momento una impresión tan honda que, nos dice, "se le apretó el corazón". Esa tarde conoció la arcilla, comenzando a modelar un pequeño trozo de ella que le alcanzó la profesora. Con el material en sus manos llegó a su casa y esa noche sin sueño lo decidió. En la mañana siguiente le dijo a su madre: "mamá, voy a ser escultor". Comentada su decisión con el profesor Gurrieri, éste lo guió para sus pasos inmediatos, que lo llevarían a las clases de escultura de Enrique Azcárate (hoy presidente de la Asoc. Arg. de Artistas Escultores). En 1964 recibe una beca de la institución, que le permite durante cuatro años tener como maestros a Antonio Sassone, Antonio Mazzitelli y Mariano Pagés. En 1967 obtiene su primer reconocimiento, al recibir una Mención Especial en el XII Salón de Otoño de San Fernando. Comienza allí su exitosa labor artística que alcanza uno de sus puntos culminantes en 1993, al obtener el 1er. Premio en al LXXI Salón Nacional de Artes Plásticas, luego de haber accedido en años anteriores al Premio Artistas Extranjeros (1974), 2º Premio Salón Nacional de Artes Plásticas (1979), 1er. Premio Salón Municipal de Artes Plásticas de la MCBA (1979), Gran Premio de Honor Salón de Artes Plásticas de Morón (1987) 2º Premio Salón de Escultura en Madera (Resistencia), 2º Premio Primera Trienal Americana de Escultura en Madera (Reistencia). Luego vendrían otras distinciones como el 2º y 1er. Premio del Salón Anual Santa Fé, etc., coronado su brillante foja de escultor con la obtención del Gran Premio Nacional de Escultura año 2007. Participó como invitado en las Primera Trienal Americana de Escultura en Madera, en la Primera Trienal Argentina de Escultura en Madera, de la Segunda Trienal Americana de Escultura en Madera, todas ellas en Resistencia (Chaco), en el Primer Simposio Internacional de Escultura en L.N.Alem, Misiones, y en el Primer Simposio Internacional de Escultura en Ichon, República de Korea. Obras de su autoría se encuentran emplazadas en distintos parques y paseos del país, incluyendo el Paseo de las Esculturas de la Ciudad de Resistencia, Chaco, y -ahora, el Paseo de las Esculturas de Boedo, Buenos Aires, donde se encuentra emplazada su obra Interiores, ubicada frente al Nº 883 de la avenida. En oportunidad de presentar sus obras en una muestra desarrollada en el Museo Perlotti, Cesar Fioravanti dijo de él:"La abstracción deja de ser tal, al potenciar con las imágenes que de ellas emergen, la concreción de las formas".
SÚPLICA - ANTONIO ORIANA
Artículo 6° - Acéptase la donación de la escultura "Súplica", de Antonio Oriana, autorizando su emplazamiento frente al inmueble de avenida Boedo 944, en concordancia con la Ley N° 494.
Antonio Oriana:
"... Nos referimos a Antonio Oriana, que forma parte del patrimonio viviente de Parque de los Patricios, donde su figura es por demás conocida. Hijo del matrimonio de origen calabrés integrado por Carlo Oriana y María Belardo, llegaron a nuestras costas durante la década del 1920, acompañados ya por su pequeño hijo, Pablo, de unos pocos años. Estibador y pintor de barcos, no le fue fácil la subsistencia en esta ciudad puerto, no obstante lo cual, con el sacrificio que fue norma de los inmigrantes europeos, la familia–ya alegrada por la llegada de dos nuevos hijos, el menor de ellos Antonio (25 de agosto de 1931), logró abandonar el conventillo que los albergaba para inaugurar su modesta casita en el barrio de Saavedra. En ese entorno barrial los hermanos cursaron la escolaridad primaria, comenzando ya a destacarse Antonio por sus dibujos y modelados en barro o pequeños tallados en madera, que despertaron el interés de su maestro de cuarto grado, quién lo impulsó para que continuara estudiando dibujo. Esta circunstancia y su propia vocación lo llevaron a inscribirse en la Escuela de Bellas Artes “Manuel Belgrano”. Se inicia así su etapa de aprendizaje, que culminaría con su egreso, en 1952, de la Escuela de Bellas Artes “Prilidiano Pueyrredón”. Durante gran parte de su vida ejerció la docencia, desempeñándose como profesor en la Asociación Estímulo de Bellas Artes, en la Escuela Superior de Bellas Artes “Ernesto de la Cárcova”, en el museo Rómulo Ragio, en el Instituto del Profesorado CONDUSEC, etc. La enseñanza si se quiere oficial se unía a las clases particulares que aún sigue dando, formando así cientos de alumnos.
No fue asiduo concurrente a los salones oficiales, nacionales, provinciales o municipales, muchas veces en desacuerdo con distintas circunstancias puntuales. Su primera medalla la obtuvo en el II Salón Nacional de Bellas Artes, en 1964, haciéndose acreedor al Premio “Mención Especial”. Su última distinción la recibió en el Segundo Encuentro Nacional de Escultura en Madera, realizado en Rosario (Santa Fe). En 1976 y 1981 viajó a París invitado por el Mozarteun Argentino, exponiendo sus obras en la Galería Salles Sandoz, junto a artistas de 38 países. Es creador de una veintena de estatuillas y trofeos por encargo de entidades públicas y privadas, para su entrega como premio en distintas actividades, congresos y/o concursos.
Obras suyas se encuentran emplazadas en paseos y lugares públicos en distintas ciudades del país (Resistencia, Carlos Casares, San Luis, Posadas, Olivos, Villa Alem, etc. En esta Capital son conocidas sus creaciones donadas al Museo Manoblanca del barrio de Nueva Pompeya (Homero Manzi, Sebastián Piana, José Dames, Daniel Garibaldi, Astor Piazzolla, Nelly Omar, Enzo Valentino, Ben Molar, entre otros. Su obra Súplica, se integra al Paseo de las Esculturas de Boedo, emplazada frente al N° 944 de la popular arteria.
Debemos destacar en Antonio Oriana su extrema sencillez, la afabilidad de su trato, su compromiso permanente con la difusión de su arte, cualidades que han hecho del artista una de las más queridas personalidades del ambiente."
REPOSO - STEPHAN ERZIA
A raíz de la solicitud de la Junta de Estudios Históricos del Barrio de Boedo, la Dirección de Monumentos y Obras de Arte (GCBA), trasladó la escultura "Reposo", que se encontraba en el depósito de Palermo, del artista Stephan Erzia a Boedo 943. La escultura está realizada en mármol siberiano y fue adquirida en 1936 por la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires. Stephan Erzia, artista ruso, residía en nuestro país desde 1927, en el barrio de Boedo en aquellos tiempos. La obra fue denominada Mujer Sentada y fue esculpida en Rusia, su país de origen. Fue trasladada a Buenos Aires para integrar su primera exposición, en los "Amigos del Arte", en el año 1927.
Stephan Erzia:
"Prosiguiendo este itinerario por los caminos del arte, vamos a referirnos en esta oportunidad a una de las figuras más significativas que, desde el plano internacional, ocupa un lugar de privilegio en el palacio de las musas boedenses. Me estoy refiriendo a Stephan Dimietrovich Nefedor, conocido luego como Stephan Erzia, al adoptar el escultor ruso, como apelativo, la denominación de una de las tres etnias que conformaron la identidad del imperio y que era su propia raiz: Erzia.La limitada extensión de este trabajo nos va a imponer una dificultosa síntesis de su vida. Comencemos diciendo que tras una niñez azarosa, en las llanuras del Volga, donde se inició en los misterios de la pintura, especialmente aquella de carácter religioso, llegó a Moscú cursando, pese a las dificultades económicas y políticas de la época (1905) estudios en la Academia de Bellas Artes, viajando -tras su graduación- a Europa, recalando primero en Italia, comenzando a recorrer de la mano de algunos mecenas oportunistas y luego por su propio esfuerzo, la difícil escalera al éxito. En pocos años gozó del favor de la crítica y sus obras se expusieron en los principales salones y galerías de Europa. Tras un regreso por pocos años a su Rusia natal, donde ejerció la docencia y distintas funciones por designación de las autoridades del nuevo régimen gobernante, regresó a Europa donde se contactó con ciudadanos argentinos y, también, con quién sería luego presidente de nuestro país: Marcelo T. de Alvear. Invitado por éste llegó a Buenos Aires en 1927, con el propósito de realizar una exposición de sus obras en "Amigos del Arte", tradicional galería porteña. Las circunstancias de la vida (o del momento) hicieron que Erzia se afincara poco tiempo después en Boedo, instalando su taller en el viejo edificio de una ex licorería, en la calle Zañartú, que dejaría para trasladarse a Av. La Plata 577, donde permaneció por muchos años. El espíritu libertario de Boedo, encarnado en aquellos tiempos por la figura de D. José González Castillo, fundador de la Universidad Popular de Boedo debió impactar en su espíritu, convirtiéndose en amigo inseparable del autor de Los dientes del perro, con quién colaboró en la fundación de la mítica peña Pacha Camac. Allí compartió inquietudes estéticas con Antonio Sassone, Agustín Riganelli, Sepuccio Tidone, Eolo Pons, Luis Dottori, Rodolfo Bertugno y tantos otros artistas plásticos que formaban la vanguardia artística de la década. Su figura se hizo popular en el barrio y sus obras dieron brillo a más de una exposición organizada en la zona. El "Rodín ruso" como fue bautizado en Europa, que había llegado a Buenos Aires para realizar a lo sumo un par de muestras, permaneció en nuestra ciudad por casi 25 años, realizando en ese lapso lo más importante de su producción, siendo el primero en descubrir las virtudes de las maderas duras de nuestro territorio chaqueño: el quebracho y el lapacho. Ya anciano, llegó a Buenos Aires con más de 50 años vividos, la añoranza de su tierra y la circunstancia de reanudarse las relaciones diplomáticas entre Argentina y Rusia, motivaron su regreso a Moscú, en 1952. Llevó consigo más de 200 obras realizadas en Buenos Aires y algunas decenas de troncos de quebracho, con los cuales siguió trabajando en su pequeño taller de la capital rusa. Recibido primero fríamente por las autoridades, muy pronto el mismo pueblo comenzó a reconocerlo como "maestro", siendo entones reconocido oficialmente. Fue condecorado, se le organizó una exposición y hasta gozó de un escaso subsidio. Falleció el 26 de noviembre de 1959, a los 84 años, mientras modelaba una gran cabeza. Con los años, un viejo sueño del gran maestro se hizo realidad: Su propio museo. En la ciudad de Saransk, capital de Mordovia, se inauguró la Galeria de Arte de aquella ciudad, en cuyas salas se exponen, esencialmente, las doscientas piezas traídas desde Argentina. Su nombre es reverenciado y varios libros se han escrito sobre su novelesca vida. Recientemente se realizó en Buenos Aires, organizado por la embajada rusa, una exposición de las obras que se conservan en el país, algunas de ellas en museos oficiales y otras en colecciones privadas. El Estado ruso ha acompañado la creación de la Fundacion Erzia (Internationmal Foundation Erzia) destinada a promover en el mundo la figura que consideran una de las más eminentes del arte mundial del siglo XX.
TESTIMONIO - ALBERTO BALIETTI
Artículo 2° - Acéptase la donación de la escultura "Testimonio", de Alberto Balietti, autorizando su emplazamiento frente al inmueble de avenida Boedo 966, en concordancia con la Ley N° 494. Esta obra fue un homenaje de su autor a la gesta de Malvinas.
Alberto Bailetti:
"Continuando con el recuerdo de los artistas plásticos vinculados en una u otra forma al historial cultural de Boedo, evocaremos a Alberto Balietti, reconocido y laureado escultor argentino, una de cuyas obras se emplaza a pocos metros de la intersección de San Juan y Boedo, formando parte del Paseo de las Esculturas. Sin que el autor llegara a saberlo, éste fue su regreso al barrio que lo vio nacer, el 10 de diciembre de 1917, en la casa que sus padres, Atilio Balietti y Enriqueta Grillo, habitaban en la calle Cochabamba, casi en el deslinde –en aquellos años- de la iniciada urbanización de la zona. Atilio, con sólo once años, había llegado al país desde Recanati, pequeña ciudad situada en el fértil valle de Potenza, que se enorgullecía de haber sido suelo natal del poeta Giácomo Leopardi y que lo sería también del tenor Beniamino Gigli. Con trabajo y esfuerzo se inició en el oficio de yesero, que le permitió luego un bien ganado prestigio. Fue precisamente el desempeño de esta actividad paterna el factor incidente en la posterior elección de Alberto por las artes plásticas. Acompañando a su padre se entretenía dibujando las paredes, hecho que fue advertido por los arquitectos con los cuales trabajaba su progenitor, quienes fueron los primeros en reconocer las dotes del futuro escultor, recomendando a Atilio Balietti lo inscribiera en la Escuela Nacional de Bellas Artes “Manuel Belgrano”, de donde egresó en 1938 con el título de Profesor Nacional de Dibujo, Pintura y Escultura. En su paso por dicha casa de estudios y por la Escuela Nacional de Bellas Artes “Prilidiano Pueyrredón, tuvo como maestros a personalidades como Lino E. Spilimbergo, Alfredo Bigatti, José Fioravanti y Alberto Lagos. En 1944 recibe su primera distinción, el “Premio Estímulo” en el Salón Nacional, iniciando así una trayectoria jalonada de éxitos y reconocimientos que, podría decirse, culminaría, pero no terminaría, en 1966 con la obtención del “Gran Premio de Honor” del Salón Nacional, con su obra Kirie. En la docencia desempeñó importante labor, dejando su impronta de maestro tanto en institutos oficiales como privados, en escuelas de nivel medio y terciario. Llamado por Elías Spilimbergo, ejerció la Dirección del Departamento de Pintura durante un largo período en la Universidad de Tucumán. Para entonces, y desde 1949, había formado su hogar, casando con Rita Kafetzis, en esa época una de sus discípulas y luego brillante pintora. De esa unión nacieron Déborah, Guillermo y Liliana.
Así como los premios obtenidos fueron innumerables, también lo son las obras emplazadas en lugares públicos, tanto en esta Capital como en distintos puntos del país. Visitó Roma y Madrid como representante del Arte Latino Americano, exponiendo allí sus obras. Para finalizar diremos que la escultura Testimonio, que se puede admirar en Boedo fue un homenaje del artista hacia los centenares de jóvenes caídos en Malvinas. Alberto Balietti falleció el 26 de octubre de 1993 y en el que fuera su estudio, en la localidad de Castelar, existe una exposición permanente de sus esculturas y dibujos."

MADRE – FRANCISCO REYES
Se trata de una obra en granito, de 1,20m de altura y 050 m. de base, emplazada frente al Nº 735 de la Av. Boedo. Fue descubierta el 18 de septiembre de 1982, con el auspicio del entonces Banco Supervielle-Societè Generale, cuya sucursal Boedo se encuentra ubicada en la dirección precedentemente indicada. Otro de los auspiciantes fue el Rotary Club de Boedo, a cuya membresía pertenecía el escultor.
Complementando la información brindada en el acápite relacionada con su obra Cholita, deseamos indicar que en el año 1982 el artista donó al Distrito 489 de Rotary Internacional, al que pertenecía su club, otra valiosa obra de su autoría, el busto del prócer uruguayo José Gervasio de Artigas, que, a su vez, se donó a través del Rotary Club de Salto (Uruguay) a la Municipalidad de esa ciudad uruguaya. En la oportunidad una embajada de 40 rotarios argentinos acompañó al gobernador Luis Betti y al escultor Reyes en el viaje realizado con motivo de la inauguración del busto en la plaza principal de Salto.

JOSÉ GONZALEZ CASTILLO – Busto –VICENTE ROSELLI
Otra de las acciones destacables del escultor Francisco Reyes, fue la donación a la Cofradía de la Orden del Lengue y a la Junta de Estudios Históricos del Barrio de Boedo. de un busto de su autoría de la figura del dramaturgo, escritor y poeta José González Castillo, la personalidad emblemática de Boedo. La obra fue volcada al bronce por estas instituciones y al cumplirse el 60º aniversario del fallecimiento del escritor, el 22 de octubre de 1997, se emplazó frente al Nº 868 de la Av. Boedo, predio donde, en 1932, González Castillo había fundado la Peña Pacha Camac. El acto contó con el auspicio del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, que declaró de Interés Cultural el suceso.

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