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Orígenes del barrio de Boedo (Buenos Aires, Argentina) Parte I

 06-06-10 La calle Boedo se va convirtiendo, de a poco, en el centro de actividades comerciales.

Por Aníbal Lomba

Podríamos citar como antecedentes valioso el dictado de la ley 522 sancionada por la Legislatura de la Provincia de Buenos Aires en 1867, por la cual se extendieron los límites de la Capital Federal, hacia el oeste, hasta una línea que conformarían hoy las Avenidas Juan B. Justo, Córdoba, Medrano, Castro Barros, Boedo y Avda. Sáenz. Más allá de este límite se encontraba el pueblo de San José de Flores, que era parte de la provincia de Buenos Aires.
Sin duda la fijación del límite urbano en terrenos pertenecientes a los grandes propietarios de la zona valorizó los mismos al tiempo que comenzó un mayor poblamiento de las quintas al producirse el fraccionamiento de las mismas y abrirse las calles. El camino que el 6 de marzo de 1882 tomó el nombre de Boedo, por disposición del presidente de la Corporación Municipal, Torcuato de Alvear , era tránsito obligado de las tropas de ganado que se dirigían hacia el sur y así, el movimiento que ello provocaba incidió en que sus adyacencias iniciaran también un lento proceso de urbanización. Para esos años ya se observa un gran número de calles abiertas, en especial Europa (actual Carlos Calvo), Comercio (actual Humberto Iº), San Juan, Juan de Garay, Chiclana, etc. que permitían llegar al Paso de Gowland (Av. La Plata) o al Paso de Burgos (Puente Alsina).

La calle Boedo se va convirtiendo, de a poco, en el centro de la actividades comerciales, educativas y artísticas para la población que se iba afincando en una amplia zona que abarcaba mucho más allá de los actuales límites del barrio de Boedo, que -según las Ordenanzas 23.698 y 26.607 se encuentra limitado por la actual calle Sánchez de Loria y las avenidas Caseros, La Plata e Independencia.

No fue ajeno al desarrollo de la zona (aún no vamos a llamarla Barrio), como en otros arrabales de la ciudad, la llegada del tranvía eléctrico. Boedo fue de las primeras calles testigos de este novedoso medio de transporte probado por primera vez en nuestro país en la ciudad de La Plata en 1892. En Boedo 750 Teodoro Vail constituye la empresa que se conocería con el nombre de la “La Capital”, siendo la primera que cambió la tracción a sangre por el sistema de electrificación. Su primer recorrido uniría Boedo con San José de Flores, inaugurándose la línea el 4 de diciembre de 1897, con una tarifa de diez centavos. Se utilizaban en aquellos años los denominados tranvías Imperiales, de dos pisos, cerrados abajo y abiertos arriba con una protección de lonas laterales. A partir de ese momento comenzarían a cruzar la barriada distintas líneas que llevaron el progreso en todas direcciones. Cuatro fueron las terminales con las que contó el barrio y es en los terrenos que ocupó una de ellas, bautizada precisamente como Estación Vail, en la calle Sánchez de Loria entre Carlos Calvo y Estados Unidos, donde –en poco tiempo más- se diagramará la primer plaza del barrio de Boedo.

Los tiempos de fútbol

Transcurría el año 1907 cuando un grupo de jóvenes corrían tras una pelota por la calle México y Treinta y Tres, donde habían formado un equipo que denominaban Los Forzosos de Almagro. La historia es suficientemente conocida como para repetirla aquí, cuando ya se ha celebrado el Centenario del múltiple campeón San Lorenzo de Almagro. La importante institución actual, reconocida mundialmente, nació bajo la tutela de R.P. Lorenzo Massa, formalizándose su fundación el 1º de abril de 1908 en reunión cumplida en el Oratorio San Antonio, tras la cual el cura Lorenzo les obsequia a sus muchachos el juego de casacas con los colores que lo han de identificar para siempre: azul-grana, que son los colores del manto de la Virgen María Auxiliadora.
San Lorenzo de Almagro, ya en Boedo, en el mítico gasómetro, se convierte en uno de los factores incidentes del desarrollo social y cultural de barrio.

Sería santo pero no de San Lorenzo

Cuando la zona no tenía aún iglesia propia, nacía el 31 de octubre de 1910, en una humilde casa ubicada en Treinta y Tres 1075 (hoy Treinta y Tres Orientales). Héctor Antonio Valdivielso Sáenz, el segundo hijo de un matrimonio inmigrante, llegado pocos años ante desde un pequeño villorrio de nombre Bivriesca, donde mucho antes naciera Juan de Ayolas. La suerte les fue esquiva en este Buenos Aires de principios de siglo y la familia, tras el fallecimiento prematuro de una hija, decide regresar a España. En su puebla natal transcurre la niñez de los hermanos que, aún niños, ingresan al Colegio de los Hermanos de Lasalle, decidiendo ambos continuar luego sus estudios de Noviciado. Una vez finalizados los mismos Héctor es destinado como maestro a un pueblito de Asturias, en la cuenca minera de Turón. Como preludio de lo que sería dos años después del inicio de la Guerra Civil Española, en 1934 estalla un movimiento revolucionario comandado por activistas del partido Comunista, que intentan crear en el lugar una Comuna. Si bien el movimiento será sofocado escasamente veinte días después, el tiempo fue suficiente para que los amotinados tomaran prisioneros a los 7 hermanos lasallanos que oficiaban de maestros en la escuela y al cura que los acompañaba, además de otros civiles, los que son asesinados junto a las tumbas previamente cavadas en el cementerio local. El 21 de noviembre de 1999 los mártires fueron canonizados en Roma, siendo el ahora San Héctor, el primer santo de nacionalidad argentina que se incorpora el santoral cristiano.

La educación

Aún no había comenzado el siglo XX y ya Boedo mostraba un infrecuente progreso. No es extraño conocer de sus primeras escuelitas, creadas por maestros particulares allá por 1890. Sorprende enterarse (según una investigación de la Profesora Margarita Pierini, Univ. Nacional de Quilmes), que en 1902 se abre en Boedo 943 la segunda sede de los Colegios Ganduglia, propiedad de cuatro hermanos con ese apellido. Lo que admira es que tal época se construya un establecimiento educativo con un fondo de 900 m2, una cancha de pelota para los pupilos y medio pupilos de los tres colegios (los dos restantes estaban en San Cristóbal), sede donde se abriría más adelante la sección femenina. En 1895 comienza a funcionar la Escuela de “Campero”, llamada así por el nombre de su director, Andrés Campero, que se convertiría luego en la actual Escuela 22 del DE 6, Martina Silvia de Gurruchaga. Junto con la Escuela Salvador María del Carril (1901), son la avanzada de la educación de Boedo. Pasando los años, Boedo alberga la segunda Universidad Popular del país. Tomas Le Bretón había fundado en 2 de junio de 1917 la Universidad Popular de la Boca. El 12 de febrero de 1928 José González Castillo, Cesar Garrigós y un grupo de visionarios dieron luz a la Universidad Popular de Boedo, que durante más de 20 años sembró cultura en las clases menos favorecidas de la población. Pocos años antes, el 30 de enero de 1922 Antonio Zamora había creado la Editorial Claridad, que por más de 25 años iluminó el pensamiento americano. Su local de Boedo 837 fue el amagatorio, en palabras de César Tiempo, del Grupo de Boedo.

El Tango

Desde aquel inolvidable Boedo creado en 1928 por Julio de Caro, que mantiene aun su lugar de privilegio entre las grandes obras de la tanguística, hasta los actuales poetas Ernesto Pierro, Alejandro Szwarcman, Haydé Daiban, la historia de la canción ciudadana tiene en Boedo decenas de capítulos. Nos vamos a excusar de particularizar la obra de cada uno de ellos, puesto que la mención de su solo nombre y apellido llevará al lector recuerdos de páginas notables. En los años iniciales nos encontramos con José “Pepino” Marmón, Ricardo Brignolo, Juan Prudente, Enrique Maciel, Domingo Vivas, Antonio Trócoli, Gabriel Claussi, Julio Camilloni, Juan Maglio(h), José Pedro de Grandis, Julio y Alfredo Navarrine, los Hnos. Sureda, Alberto José Vicente Franco, Lucio D´Agostino, Armando Cereminati, y luego, los más grandes: José González Castillo, Cátulo Castillo, Homero Manzi, Sebastián Piana , Julian Centeya, César Tiempo. Para que más.

Cafés, Peñas, Cines y Teatros

Es el último capítulo de este somera reseña sobre la historia socio-cultural del ahora barrio de Boedo, que no estaría completa si dejáramos de referirnos a los primeros cafés, las peñas, los cines y los teatros que durante cuatro décadas, desde los principios de 1920 hasta fines de las años cincuenta, conformaron el circuito de esparcimiento de los pobladores de la zona. La mayor parte de los cafés de la época ofrecían también espectáculos musicales y muchos de ellos tenían sus salas de billar. En 1917 se abría el Dante, famoso por haber sido el lugar de encuentro de la grey sanlorencista. Directivos, jugadores, hinchas y simpatizantes de El Ciclón se daban cita allí, puntualmente, los días de partido, pero no era menor la concurrencia en los días de semana. También, al igual que en El Japonés, donde se reunía la parcialidad de Huracán, grupos intelectuales se integraban en reconocidas peñas. El Aeroplano, en San Juan y Boedo se asomaba al panorama de los cafés en los primeros años de la década del 20. Sucesivamente Nippon, Canadian y Homero Manzi, mudó parte de su fisonomía para convertirse en el elegante Café Notable Esquina Homero Manzi. La confitería Munich, el bar Atenas,el café Biarritz, en cuya terraza en 1932 González Castillo ¡cuándo no!  la mítica Peña Pacha Camac, cuya actividad merece un capítulo aparte que dejaremos para otra ocasión, el café de Carpintero,por el apellido del dueño, de San Juan y Loria, lugar de reunión de Manzi, Piana, los Sureda, Cátulo Castillo, Julián Centeya, músicos y poetas que dieron brillo a los años 40 del siglo pasado. El famoso Trianón, de San Ignacio y Boedo. Los teatros América y Boedo, los cines Los Andes, Nilo, Mitre, El Plata, Cuyo. Moderno, conformaban un circuito de esparcimiento y actividad cultural inigualable en otros barrios de la ciudad.

Y el Boedo de hoy intenta recuperar el brillo de aquellos años. Dos cafés notables, Margot y Homero Manzi, un café de interés turístico, Recuerdo, en la esquina Osvaldo Pugliese, y diez centro más de difusión de tango, integran el circuito Tango-Bares. El Museo Monte Piedad, del Banco Ciudad, en Boedo 860, donde funcionó la Peña Pacha Camac, la biblioteca Miguel Cané, decana de las bibliotecas municipales, donde Jorge Luis Borges trabajó durante más de una década, la Biblioteca de la Fundación Bartolomé Hidalgo para la Literatura Rioplatense (80.000 volúmenes), el teatro Boedo XXI, el Paseo de las Esculturas de Boedo, la Biblioteca Lubrano Zas, la muestra permanente de pinturas en el espacio Boedo Arte Sur, en el café Esquina Sur, el pequeño museo Homero Manzi, en el café que lleva el nombre del autor de Sur, las cerámicas de Alfredo Guido y Primaldo Mónaco, en la estación Boedo de la línea E, consideradas Patrimonio Nacional, invitan a un paseo en el cual, además, podrán guiarse a través de las 37 placas fileteadas por el artista Luis Zorz, que la Junta de Estudios Históricos ha emplazado en los frentes de todo aquel edificio cuyas paredes atesoran alguna parte de la rica historia socio-cultural del único barrio al que le dio nombre se calle principal. Descubrirá además las Esquinas Alvaro Yunque, Elías Castelnuovo, José González Castillo, Homero Manzi, Leónidas Barletta, Domingo Cura, Francisco Reyes y la Esquina de los Baleares, todas ellas bautizadas por la JEHBB como recuerdo y homenaje a cada una de tales personalidades.

Boedo en la literatura

Resulta difícil de resumir la memoria que guarda este barrio sobre los poetas, escritores, libros y libreros que dieron personalidad a este barrio. Basta recordar que uno de ellos escribió alguna vez que “El barrio de Boedo es un mojón inmarcesible de la cultura de la cuidad de Buenos Aires, con proyección nacional a través de las figuras inolvidables del Grupo de Boedo”. Elías Castelnuovo, Álvaro Yunque, Leónidas Barletta, Roberto Arlt, César Tiempo, los hermanos González Tuñón, Nicolás Olivari, Roberto Mariani, César Garrigós, Vicente Bove, Gustavo Riccio, Atilio Jorge Castelpoggi, Isidoro Blaisten son algunas de las figuras estelares en el firmamento literario de Boedo.

Las Artes Plásticas

Boedo es últimamente reconocido esencialmente por su imagen de barrio de tango, a partir de la vigencia del tango Sur. Si bien no es menor la importancia que en la historia socio cultural del barrio ha tenido la música popular, no podemos olvidar la enorme trascendencia de sus artistas plásticos, pintores, escultores y grabadores, que marcaron un verdadero hito en tales disciplinas artísticas. El primero que hemos de citar es Orestes Asali, nacido en 1903, que ejerció la docencia en escuelas de Boedo, siendo uno de los maestros que inclinaron la vocación del tan reconocido maestro boedense Francisco Reyes. Asali descolló en la escultura, alcanzando el máximo galardón de la plástica nacional: el Gran Premio de Honor de Salón anual de Artes Plásticas. Emilio Andina, Antonio Sassone, uno de los máximos exponentes del arte escultórico contemporáneo; Sepuccio Tidone también Gran Premio Nacional, el citado Francisco Reyes, Vicente Roselli, Domingo Mazza, Hilario Vozzo, Stephan Eriza, Luis Bellini, Rafael Bertugno, Luis Caputo Demarco, Juan Brignardello, Juan J. Cartasso, Antonio Proieto, Agustín Riganelli y tantos otros nombres que conforman el Parnaso artístico de Boedo. En la actualidad Lucía Pacenza (escultora), Daniel Acosta (pintor), Oscar de Bueno (escultor), Carlota Cairo (ceramista), Javier Fontenla (escultor), Eolo Pons (pintor), Norma de Vita (escultora y pintora), el Grupo de Boedo, y otros nombres que se nos escapan a la memoria, son la continuidad de la presencia de Boedo en las artes plásticas.

El Paseo de las Esculturas de Boedo

Un “museo a cielo abierto” único en un barrio de la ciudad de Buenos Aires. Proyecto llevado a la práctica por la Junta de Estudios Históricos del Barrio de Boedo, aprobado por la Ley 494/2000, que autoriza el emplazamiento de 24 obras escultóricas en las aceras de la Av. Boedo, en el tramo de cuatro cuadras comprendido entre las Av. Independencia y Boedo. El primer capítulo de este inigualable proyecto, posibilitado por el desprendimiento de los artistas escultores que donaron sus obras (que hoy son parte del Patrimonio de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires), fue inaugurado durante el año 2005, descubriéndose seis obras de los artistas escultores Francisco Reyes, Alberto Baliettei,  Arturo Álvarez Lomba, Leo Vinci, Antonio Oriana y Oscar de Bueno. Se agregó luego una obra del escultor ruso Stephan Eriza, dispuesta por el Departamento de Monumentos y Obras de Ate del GCBA y dos obras ya instaladas anteriormente. Suman nueve esculturas. La Comisión de Cultura de la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires aprobó recientemente la presentación para el emplazamiento de ocho nuevas esculturas, con lo que el número de ellas alcanzarán las 17. Se incorporarán las obras Mutación, de Mónica Chames; Pórtico de la impunidad, de Oscar Stáffora; Testimonio (a Betty), de Julián Agosta; Enlace de planos, de Julia Farjat; Vestido al viento, de Enrique Azcárate, Esencia, de Xavier Barrera Fontenla; Verde secreto, de Marina Dogliotti y Crecer, de Elisa Dejistani.

Paseo de las Esculturas de Boedo – Ley 494/2000

www.boedoweb.com.ar
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