indicios de Gardel
Gardel… Gardel…
no sé quién es Gardel.
pero conozco el resplandor engominado
de su testa infalible.
no sé quién es
pero en los libros
sus ojos brillan sin photoshop,
como el filo de un puñal,
que dice aquella jota que cantaba.
todas las mañanas la sombra de Gardel
recorre solitaria el cementerio de Toulousse.
una chalina blanca le custodia
la gola y una obsesión señera
lo lleva hasta una tumba
que pudo ser la suya. allí, sin sonreír,
arregla algunas flores que no tienen arreglo.
no sé quién es Gardel.
pero aprendí que hay cacatúas
que le envidian la pinta,
que tiene una parada magistral,
una estrella… un cielo entero.
no sé quién es
pero luce una sonrisa principesca
que entrelaza las cosas
humanas y divinas.
la sombra de Gardel recorre Medellín
todas las tardes. saluda respetuosa
con una reverencia imperceptible
y un toque suave de su mano izquierda
en el sombrero. cuentan que además
(no puede ser de otra manera)
sonríe a mansalva. sonríe y no perdona.
no sé quién es Gardel.
pero su voz forjó añoranzas, acunó
ensoñaciones, entretejió
con agujas cotidianas cada pura
ilusión de muchos de nosotros.
no sé quién es
pero sus melodías fraguaron
constantes el acero
de innumerables espíritus anónimos.
en cada riguroso atardecer la sombra
se yergue como el atraepájaros
de un campito fugaz en Tacuarembó.
otras veces amanece deshojada en París.
en navidad recorre Nueva York bajo la nieve
con dos rubias del brazo. a veces
se le da por volver a Barcelona.
no sé quién es Gardel.
aunque leí su biografía de mil páginas
no sé si sé, y no sé si quiero
saber quién es Gardel.
no sé quién es
pero tal vez pueda decirte lo que es:
una marca. un molde roto. un sello
espiritual. una frente inmarchita
con la cara del tiempo.
de noche, es una fija, la sombra de Gardel
elige Buenos Aires. se conoce de memoria
las baldosas de todos los barrios, vigilantea
las plazas, se asoma de los puentes, catrerea
los bancos de las estaciones de tren.
silba y canturrea al ritmo acompasado
del descanso laborioso de las almas buenas.
Ya te dije: no sé quién es Gardel.
Toulousse, Tacuarembó... Pero qué importa.
lo único que importa es lo que es:
una mañana de domingo en mi infancia,
la picardía inocente de los últimos reos del café Montecarlo,
un desgarro en la conciencia,
un exorcismo susurrado como copla:
zorzal, zorzalito,
cantá mi pena un poquito.
son otros indicios de Gardel
las luces de Corrientes miradas desde el Bajo,
el grito mudo de los burreros perdedores,
una imagen en un paredón de Recoleta
con la leyenda “no me lloren, crezcan”,
una llovizna fría en un día sofocante,
mi viejo cantando Sus ojos se cerraron como un pronóstico,
un té sin azúcar con sabor a final,
la esperanza invicta de los que sueñan despiertos.
Oscar Conde (*)
27 de abril de 2010
(*) Licenciado en Letras (UBA). Docente e Investigador. lexicógrafo, historiador, autor de libros y artículos sobre lingüística griega, didáctica clásica, tango, rock, lunfardo y cultura popula, poeta, Miembro de la Academia Porteña del Lunfardo