"Prosiguiendo este itinerario por los caminos del arte, vamos a referirnos en esta oportunidad a una de las figuras más significativas que, desde el plano internacional, ocupa un lugar de privilegio en el palacio de las musas boedenses. Me estoy refiriendo a Stephan Dimietrovich Nefedor, conocido luego como Stephan Erzia, al adoptar el escultor ruso, como apelativo, la denominación de una de las tres etnias que conformaron la identidad del imperio y que era su propia raiz: Erzia.La limitada extensión de este trabajo nos va a imponer una dificultosa síntesis de su vida. Comencemos diciendo que tras una niñez azarosa, en las llanuras del Volga, donde se inició en los misterios de la pintura, especialmente aquella de carácter religioso, llegó a Moscú cursando, pese a las dificultades económicas y políticas de la época (1905) estudios en la Academia de Bellas Artes, viajando -tras su graduación- a Europa, recalando primero en Italia, comenzando a recorrer de la mano de algunos mecenas oportunistas y luego por su propio esfuerzo, la difícil escalera al éxito. En pocos años gozó del favor de la crítica y sus obras se expusieron en los principales salones y galerías de Europa. Tras un regreso por pocos años a su Rusia natal, donde ejerció la docencia y distintas funciones por designación de las autoridades del nuevo régimen gobernante, regresó a Europa donde se contactó con ciudadanos argentinos y, también, con quién sería luego presidente de nuestro país: Marcelo T. de Alvear. Invitado por éste llegó a Buenos Aires en 1927, con el propósito de realizar una exposición de sus obras en "Amigos del Arte", tradicional galería porteña. Las circunstancias de la vida (o del momento) hicieron que Erzia se afincara poco tiempo después en Boedo, instalando su taller en el viejo edificio de una ex licorería, en la calle Zañartú, que dejaría para trasladarse a Av. La Plata 577, donde permaneció por muchos años. El espíritu libertario de Boedo, encarnado en aquellos tiempos por la figura de D. José González Castillo, fundador de la Universidad Popular de Boedo debió impactar en su espíritu, convirtiéndose en amigo inseparable del autor de Los dientes del perro, con quién colaboró en la fundación de la mítica peña Pacha Camac. Allí compartió inquietudes estéticas con Antonio Sassone, Agustín Riganelli, Sepuccio Tidone, Eolo Pons, Luis Dottori, Rodolfo Bertugno y tantos otros artistas plásticos que formaban la vanguardia artística de la década. Su figura se hizo popular en el barrio y sus obras dieron brillo a más de una exposición organizada en la zona. El "Rodín ruso" como fue bautizado en Europa, que había llegado a Buenos Aires para realizar a lo sumo un par de muestras, permaneció en nuestra ciudad por casi 25 años, realizando en ese lapso lo más importante de su producción, siendo el primero en descubrir las virtudes de las maderas duras de nuestro territorio chaqueño: el quebracho y el lapacho. Ya anciano, llegó a Buenos Aires con más de 50 años vividos, la añoranza de su tierra y la circunstancia de reanudarse las relaciones diplomáticas entre Argentina y Rusia, motivaron su regreso a Moscú, en 1952.
Llevó consigo más de 200 obras realizadas en Buenos Aires y algunas decenas de troncos de quebracho, con los cuales siguió trabajando en su pequeño taller de la capital rusa. Recibido primero fríamente por las autoridades, muy pronto el mismo pueblo comenzó a reconocerlo como "maestro", siendo entones reconocido oficialmente. Fue condecorado, se le organizó una exposición y hasta gozó de un escaso subsidio. Falleció el 26 de noviembre de 1959, a los 84 años, mientras modelaba una gran cabeza. Con los años, un viejo sueño del gran maestro se hizo realidad: Su propio museo. En la ciudad de Saransk, capital de Mordovia, se inauguró la Galeria de Arte de aquella ciudad, en cuyas salas se exponen, esencialmente, las doscientas piezas traídas desde Argentina. Su nombre es reverenciado y varios libros se han escrito sobre su novelesca vida. Recientemente se realizó en Buenos Aires, organizado por la embajada rusa, una exposición de las obras que se conservan en el país, algunas de ellas en museos oficiales y otras en colecciones privadas. El Estado ruso ha acompañado la creación de la Fundacion Erzia (Internationmal Foundation Erzia) destinada a promover en el mundo la figura que consideran una de las más eminentes del arte mundial del siglo XX.
TESTIMONIO - ALBERTO BALIETTI. Artículo 2° - Acéptase la donación de la escultura "Testimonio", de Alberto Balietti, autorizando su emplazamiento frente al inmueble de avenida Boedo 966, en concordancia con la Ley N° 494. Esta obra fue un homenaje de su autor a la gesta de Malvinas.
Alberto Bailetti:
"Continuando con el recuerdo de los artistas plásticos vinculados en una u otra forma al historial cultural de Boedo, evocaremos a Alberto Balietti, reconocido y laureado escultor argentino, una de cuyas obras se emplaza a pocos metros de la intersección de San Juan y Boedo, formando parte del Paseo de las Esculturas. Sin que el autor llegara a saberlo, éste fue su regreso al barrio que lo vio nacer, el 10 de diciembre de 1917, en la casa que sus padres, Atilio Balietti y Enriqueta Grillo, habitaban en la calle Cochabamba, casi en el deslinde –en aquellos años- de la iniciada urbanización de la zona. Atilio, con sólo once años, había llegado al país desde Recanati, pequeña ciudad situada en el fértil valle de Potenza, que se enorgullecía de haber sido suelo natal del poeta Giácomo Leopardi y que lo sería también del tenor Beniamino Gigli. Con trabajo y esfuerzo se inició en el oficio de yesero, que le permitió luego un bien ganado prestigio. Fue precisamente el desempeño de esta actividad paterna el factor incidente en la posterior elección de Alberto por las artes plásticas. Acompañando a su padre se entretenía dibujando las paredes, hecho que fue advertido por los arquitectos con los cuales trabajaba su progenitor, quienes fueron los primeros en reconocer las dotes del futuro escultor, recomendando a Atilio Balietti lo inscribiera en la Escuela Nacional de Bellas Artes “Manuel Belgrano”, de donde egresó en 1938 con el título de Profesor Nacional de Dibujo, Pintura y Escultura. En su paso por dicha casa de estudios y por la Escuela Nacional de Bellas Artes “Prilidiano Pueyrredón, tuvo como maestros a personalidades como Lino E. Spilimbergo, Alfredo Bigatti, José Fioravanti y Alberto Lagos. En 1944 recibe su primera distinción, el “Premio Estímulo” en el Salón Nacional, iniciando así una trayectoria jalonada de éxitos y reconocimientos que, podría decirse, culminaría, pero no terminaría, en 1966 con la obtención del “Gran Premio de Honor” del Salón Nacional, con su obra Kirie. En la docencia desempeñó importante labor, dejando su impronta de maestro tanto en institutos oficiales como privados, en escuelas de nivel medio y terciario. Llamado por Elías Spilimbergo, ejerció la Dirección del Departamento de Pintura durante un largo período en la Universidad de Tucumán. Para entonces, y desde 1949, había formado su hogar, casando con Rita Kafetzis, en esa época una de sus discípulas y luego brillante pintora. De esa unión nacieron Déborah, Guillermo y Liliana.
Así como los premios obtenidos fueron innumerables, también lo son las obras emplazadas en lugares públicos, tanto en esta Capital como en distintos puntos del país. Visitó Roma y Madrid como representante del Arte Latino Americano, exponiendo allí sus obras. Para finalizar diremos que la escultura Testimonio, que se puede admirar en Boedo fue un homenaje del artista hacia los centenares de jóvenes caídos en Malvinas. Alberto Balietti falleció el 26 de octubre de 1993 y en el que fuera su estudio, en la localidad de Castelar, existe una exposición permanente de sus esculturas y dibujos."
MADRE – Francisco Reyes
Se trata de una obra en granito, de 1,20m de altura y 050 m. de base, emplazada frente al Nº 735 de la Av. Boedo. Fue descubierta el 18 de septiembre de 1982, con el auspicio del entonces Banco Supervielle-Societè Generale, cuya sucursal Boedo se encuentra ubicada en la dirección precedentemente indicada. Otro de los auspiciantes fue el Rotary Club de Boedo, a cuya membresía pertenecía el escultor.
Complementando la información brindada en el acápite relacionada con su obra Cholita, deseamos indicar que en el año 1982 el artista donó al Distrito 489 de Rotary Internacional, al que pertenecía su club, otra valiosa obra de su autoría, el busto del prócer uruguayo José Gervasio de Artigas, que, a su vez, se donó a través del Rotary Club de Salto (Uruguay) a la Municipalidad de esa ciudad uruguaya. En la oportunidad una embajada de 40 rotarios argentinos acompañó al gobernador Luis Betti y al escultor Reyes en el viaje realizado con motivo de la inauguración del busto en la plaza principal de Salto.
JOSÉ GONZALEZ CASTILLO – Busto – Vicente Roselli
Otra de las acciones destacables del escultor Francisco Reyes, fue la donación a la Cofradía de la Orden del Lengue y a la Junta de Estudios Históricos del Barrio de Boedo. de un busto de su autoría de la figura del dramaturgo, escritor y poeta José González Castillo, la personalidad emblemática de Boedo. La obra fue volcada al bronce por estas instituciones y al cumplirse el 60º aniversario del fallecimiento del escritor, el 22 de octubre de 1997, se emplazó frente al Nº 868 de la Av. Boedo, predio donde, en 1932, González Castillo había fundado la Peña Pacha Camac. El acto contó con el auspicio del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, que declaró de Interés Cultural el suceso.