Nos sorprendió un sábado por mañana, el pasado 28 de junio, observar a un grupo de niños y jóvenes portando cada uno de ellos un cartón con el dibujo de una letra. Al corte del tránsito por la señal del semáforo, rápidamente se desplegaban a lo ancho de la calzada, dejando entonces ver la leyenda que formaban las letras ya en su conjunto: VIVIR SIN DEPRESIÓN. Al reiniciarse el tránsito volvían sobre sus pasos, quedando a la espera del próximo corte.
Con lógica curiosidad y ánimo periodístico nos acercamos al grupo conociendo así que se trataba de una promoción de las actividades de una organización no gubernamental, sin fines de lucro, que encara una campaña para la atención de aquellos que puedan sufrir síntomas de depresión, enfermedad que –lamentablemente- va siendo cada vez más frecuente en nuestra sociedad.
Las personas adultas que se encontraban en la tradicional esquina de Boedo realizando esta labor solidaria eran, en su mayoría, antiguos depresivos que, conocedores de los padecimientos que sufren las familias en esta situación, se han unido a los profesionales expertos para tratar de lograr que la enfermedad sea abordada a tiempo.
Los síntomas de la depresión pueden ser reconocidos por:
Un fuerte abatimiento y llanto, falta de respuesta a las circunstancias existentes.
Cambios en el estado de ánimo, tensión, irritabilidad y angustia.
Insomnio (suele ser característico despertarse en la madrugada)
Falta de energía y cansancio o falta de resistencia.
Pérdida del deseo sexual.
Pérdida de la capacidad de concentración y de la memoria.
Sentimientos de poca estimación de si mismo, culpabilidad e indefensión.
Temores a contraer enfermedades terminales.
Fobias, miedo a la oscuridad, al encierro, a salir a la calle, a la gente.
Pérdida de interés y de capacidad para disfrutar las cosas.
Adicción, alcohol, tabaco, drogas, juego.
Autoagresión, pensamiento de suicidio.
En la actualidad en la ciudad funcionan muchos centros que ayudan a sobrellevar dichas enfermedades.