teatro porteño

La modernización del teatro llegó a las salas de los barrios

El teatro moderno admite cada vez más entradas a la gorra y horarios alternativos y flexibles. Militando el ajuste desde los sectores artísticos.

La inestabilidad económica que atraviesa el país se refleja también en las salas de teatro que debieron modernizar sus formas para no perder público.
Desde sus horarios, hasta sus costos por función, incluido la elección de salas más chicas, menos ornamentos y hasta promociones con bonificación especial en las entradas.
Los militantes del ajuste argumentan que los momentos de crisis actuales servirán para sacar lo mejor de cada espacio y para una renovación colectiva gracias a la catarsis que genera. Sin embargo para otros, se traduce en pensar alternativas para sobrevivir.
Lo cierto es que la siempre intensa actividad teatral porteña –que, salvo excepciones, registró en los últimos meses una caída pronunciada en la cantidad de espectadores, tanto en el circuito comercial como el independiente hace frente a las dificultades con opciones que van desde intensificar los de a poco instalados horarios ‘alternativos’ –durante la mañana o temprano a la tarde– hasta convertir una sala en tres, hacerla temática o, en una movida más jugada, hacer funciones a la gorra –algo infrecuente para teatros más instalados– o, directamente, regalar una parte de las entradas.
“Tratamos de darle valor: en una de las salas tenemos obras de 25 minutos, a la gorra; los jueves hacemos un descuento fijo a $ 280 y los menores de 28 pagan mitad de precio todos los días. Queremos sacar las barreras de todo tipo para que la gente se acerque: tenemos funciones los domingos a las 11, a las 15; los jueves a las 16. Buscamos el público donde esté”, dice Maxime Seugé, uno de los responsables de Timbre 4.
Así el teatro se enfrenta por primera vez en tantos años de gloria a la típica frase “A mal tiempo buen cara”. Esta es la forma de lucha y militancia que encontraron para seguir funcionando e impartiendo arte a pesar de la situación social actual.
Los teatros de la Avenida Corrientes también sufrieron en los últimos meses una drástica caída. Sin embargo emulando el ejemplo del teatro barrial decidieron innovar para no perder público sacrificando varias cuestiones.
“A todos nos quedan butacas libres en algunos espectáculos porque los exitosos son solo unos pocos. Las promociones están a la orden del día, y este año, como ya lo venimos haciendo, tendremos en octubre la campaña ‘Vení al teatro’ donde habrá diez mil entradas a $ 200 para ver todos los espectáculos de la calle Corrientes. Hay mucho público teatrero en nuestra ciudad y la plata siempre ha sido una dificultad en épocas no tan graves y en otras como éstas que se siente más”, dice por su parte Sebastián Blutrach, presidente de Aadet, la cámara que nuclea a las principales salas comerciales y responsable del teatro Picadero.