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Subtes: no todo lo que brilla es oro, un drama oculto bajo tierra

Más allá de ser una de las vías de trasportes más rápidos de la Ciudad y la solución de muchos a la hora de trasladarse de una punta de la Ciudad a la otra, oculta un trasfondo poco divulgado. Los avatares del microcosmos porteño.

El subte es la solución de miles de personas para trasladarse de manera rápida y segura de una punta de la Ciudad a otra. Ofrece una alternativa útil para más del 80% de los porteños cotidianamente.
Sin embargo más allá de la efectividad del mismo-innegable por supuesto- oculta una problemática poco divulgada: los peligros de una exposición constante.
Según el último informe sanitario realizado por la Fundación Soberanía Sanitaria la exposición al subte representa un peligro a la salud y al bienestar de los porteños.
La explicación estaría dada por el material con el que están hechos los vagones, el asbesto, una sustancia que está prohibida en el país desde el 2001.
Actualmente la denuncia continúa el conflicto en el poder judicial donde en un comunicado se expuso que la mortalidad por exposición a esta fibra mineral viene aumentando desde hace al menos 36 años, que es el tiempo promedio de latencia entre la exposición a la sustancia y el desarrollo de la enfermedad, convirtiéndola en un relevante problema de salud pública.
El sanitarista y presidente de la fundación Soberanía Sanitaria, Nicolás Kreplak, explicó que “el problema del asbesto, a diferencia de otros cancerígenos como el cigarrillo, que si se deja de fumar, con los años, las posibilidades de contraer una enfermedad disminuyen o se igualan a las del no fumador, el asbesto que se introduce en las vías respiratorias nunca se metaboliza y siempre es cancerígeno”.
El informe de la fundación detalla que según un estudio reciente, entre 1980 y 2013, se identificaron 3.259 defunciones por mesotelioma en el país. En 1980 se identificaron 64 defunciones, número que se triplicó llegando a 177 en 2013. La mortalidad entre los hombres pasó de 4,1 por cada millón de habitantes en 1980 a 7,5 en 2013; y entre las mujeres, de 2,5 a 3,9 en el mismo período. La diferencia parece resultar de la mayor prevalencia de exposición ocupacional al asbesto entre los hombres, que en mayor proporción estuvieron expuestos muchos años antes de ocurrida la defunción.
En tanto Kreplak, ex viceministro de Salud de la Nación, remarcó que “muchas veces se consideran estas enfermedades como propias del trabajo y pasan desapercibidas. Pero los trabajos son peligros para la salud cuando se hace lo que no corresponde, como comprar trenes con asbesto cuando está prohibido”, remarcó que “es necesario desasbestizar, dar protección adecuada a los trabajadores expuestos”, y sostuvo que “la idea es poder hacer un rastreo de instituciones públicas como se hizo en España, un catastro para sabe dónde está el asbesto”.

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